Nuevos colores
Tu rostro parece hoy más sereno, más tranquilo y sorprendentemente sonriente.
Te saludo.
-¿Que tal?.- y te sonrío sin hipocresías.
No contestas.
- Ya hace nueve meses que nos separamos. El tiempo de un embarazo. Es como si hubiéramos gestado ambos una nueva vida por separado. Cada cual por su lado.
Sigues mirándome sonriente y plácido, pero no dices nada.
- A veces miro atrás, y ya no siento dolor. Fuimos muy felices durante muchos años ¿verdad?
Me miras dulcemente.
- Necesito perdirte perdón. – llevaba varios días dándole vueltas a esta necesidad, y por fin hoy, tras estos nueve meses, parí el valor para decírtelo sin rencores ni reproches- por tanto tiempo perdido. Te exigí más, sin ser consciente de hasta dónde, y sin darme cuenta que ya no eras mi compañero.- bebí un sorbo de café negro y proseguí- Yo tampoco fui para ti lo que tú necesitabas. Pero temía quitarme el disfraz que tú me pusiste. Tampoco yo quise reconocer que no eras ya el hombre del que me enamoré. Pero me asustaba andar sola, y mis miedos te ataron a ti, a lo que yo necesitaba de ti. Sin tú serlo.
Ya no sentía amargura. Hace tiempo que dejé de llorar por nuestra separación. Ha sido la decisión mutua que nos ha abierto las ventanas con ilusión, y por la que ambos hemos escapado. Aún con las puertas cerradas a cal y canto. Cada cual escapó por la ventana que eligió.
Me sonríes de nuevo. Hoy estás encantador.
Un soplo rebelde de aires de levante salpica la cortina y te da de espaldas. Te caes al suelo de bruces.
Con extremo cuidado, te levanto. Limpio el cristal de tu fotografía con mi vestido y vuelvo a colocarte en mi rincón favorito para ti. Sigues sonriendo. Te tiro un beso.
Te he perdonado. Me he perdonado.
Más cuerda que nunca, la vida sigue su curso...
Te saludo.
-¿Que tal?.- y te sonrío sin hipocresías.
No contestas.
- Ya hace nueve meses que nos separamos. El tiempo de un embarazo. Es como si hubiéramos gestado ambos una nueva vida por separado. Cada cual por su lado.
Sigues mirándome sonriente y plácido, pero no dices nada.
- A veces miro atrás, y ya no siento dolor. Fuimos muy felices durante muchos años ¿verdad?
Me miras dulcemente.
- Necesito perdirte perdón. – llevaba varios días dándole vueltas a esta necesidad, y por fin hoy, tras estos nueve meses, parí el valor para decírtelo sin rencores ni reproches- por tanto tiempo perdido. Te exigí más, sin ser consciente de hasta dónde, y sin darme cuenta que ya no eras mi compañero.- bebí un sorbo de café negro y proseguí- Yo tampoco fui para ti lo que tú necesitabas. Pero temía quitarme el disfraz que tú me pusiste. Tampoco yo quise reconocer que no eras ya el hombre del que me enamoré. Pero me asustaba andar sola, y mis miedos te ataron a ti, a lo que yo necesitaba de ti. Sin tú serlo.
Ya no sentía amargura. Hace tiempo que dejé de llorar por nuestra separación. Ha sido la decisión mutua que nos ha abierto las ventanas con ilusión, y por la que ambos hemos escapado. Aún con las puertas cerradas a cal y canto. Cada cual escapó por la ventana que eligió.
Me sonríes de nuevo. Hoy estás encantador.
Un soplo rebelde de aires de levante salpica la cortina y te da de espaldas. Te caes al suelo de bruces.
Con extremo cuidado, te levanto. Limpio el cristal de tu fotografía con mi vestido y vuelvo a colocarte en mi rincón favorito para ti. Sigues sonriendo. Te tiro un beso.
Te he perdonado. Me he perdonado.
Más cuerda que nunca, la vida sigue su curso...

1 Comments:
Todo sigue su curso, las lagrimas en algun momento dejan de emanar de la herida de nuestro corazón.
Besos!!!
Publicar un comentario en la entrada
<< Home