De las pocas personas que a su paso por mi infancia, ha dejado una huella inmortal en mi corazón, ha sido Mercedes, a quien todos apodaban "la tonta".
Decían los rumores, que su madre la parió en el inodoro de su casa, y que al caer a la taza, se golpeó el cráneo, juntificando ese incidente escabroso el de su apodo despiadado.
Podría tener 45 años cuando mi abuelo la acogió en su casa. Su madre, perdido por completo el juicio, la echó a la calle. Deambulando, entró por casualidad en el patio de mi casa, entonces decorado con una bella fuente de mármol, peces de colores, y un musical chorro de agua helada. Allí la encontré por primera vez, observando los peces mientras les cantaba.
A mis cinco años, Mercedes "la tonta" era alguien especial para mí.
Cuando reía, sus manos sin uñas tapaban sus cuatro dientes grises, y se agachaba graciosamente como para esconderse. Siempre le resbalaban al suelo sus gafas de cristal grueso, que había encontrado en un parque. Decía que con ellas, al ser mágicas, podía distringuir a las buenas personas y a los ángeles, de lo demonios.
No le gustaba el agua caliente. Acostumbrada a lavarse con una gran esponja, jabón verde y agua helada, aún en invierno. No le importaba que me quedase con ella mientras se aseaba. Fueron los primeros pechos que ví en mi vida . Los más bellos que jamás he visto.
Un día, al volver del colegio, fuí a visitarla y había desaparecido. Lloré amargamente seis días.
Me contaron que su madre agonizaba en el pueblo, y que habían venido a buscarla para que se hiciese cargo de ella.
Su madre, tardó ocho años en morir.
En ese tiempo aprendió a escribir. Un día recibí un sobre mugriento, y en un papel cuadriculado, con un caligrafía pésima me explicaba que un demonio había venido a buscarla para cuidar de otro demonio. Que había llorado amargamente por no poder despedirse de los ángeles de su casa. Y que me recordaba cada día.
Al poco de morir su madre, ella enfermó y murió.
Nadie supo explicarme de qué, ni cómo.
Y últimamente viene a mis sueños muy a menudo. Tanto, que creo que hasta que no cuelgue este post, nadie sabrá jamás de su existencia, pues son pocas las personas que tuvieron el privilegio, como yo, de haberse cruzado con un alma tan pura.
Siempre que paso por delante de ese antiquísimo portal, ya no resuena el chorro de agua, ni hay peces de colores. También se derrumbó la fuente de mármol. Pero aún resuenan las risas escondidas de Mercedes "la tonta".