sábado, febrero 02, 2008

Debí cerrar

Hace tiempo este blog. Pero no sabía cómo acceder siquiera.

Ahora, desde otra perspectiva, consciente de que durante el resto de mi vida, la sombra de esta enfermedad perseguirá mis pasos, consciente del estado de permanente alerta, pero habiendo aprendido a convivir con ello, nace Carmen. Fuerte, alegre, optimista, e inmensamente agradecida.

Habeis sido muchas y muchos, los que habeis pasado por aquí. Habeis dejado frases que me han llenado de fuerza. Habeis compartido mis miedos. Habeis lanzado esperanza a través de esta red invisiblemente densa, que me sirvió en muchos momentos de angustia.

Os llevo conmigo a otro mundo nuevo, con mi personalidad renacida desde mi recuperación psíquica y anímica.

Mi agradecimiento es infinito. Jamás encontraré, por más que me debane los sesos, las palabras adecuadas que os mereceis.

Nos encontraremos de nuevo, seguro.

MILES DE BESOS, Y MIS MÁS SINCERAS... GRACIAS

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lunes, mayo 28, 2007



Mañana será otro día...







lunes, enero 29, 2007

Culpa e Ira

Ira, de la mano de las lágrimas.
Ira, nunca aliada de la rabia ni de la agresión,
Pero sí del silencio amenazante.
Con razón o sin razón.

Me has debilitado tanto...

Lo he aprendido:
Para seguir caminando debo dejarte atrás.
No te dejo sola.
Culpa te acompañará.

Asumiendo el pasado como camino que dejé,
Caminaré sin mirar atrás,
A menos que vuelva a perderme.


jueves, enero 25, 2007








Miles de Kilómetros recorrió esta extraña flor, hasta llegar a mí. Aleatorias fueron las circunstancias que se dieron, para que pudiera disfrutarla.

Una noche soñé...

Alguien

entró aleatoriamente, en mi vida.

Se instaló indeleble en mi corazón.

y no estaba tan lejos, como esta peculiar y bella flor...

Me pregunto si algún día ...








lunes, octubre 30, 2006

Has hablado


Esta noche no estoy demasiado inspirada para hilar las palabras como quisiera. Pero voy a dejar constancia de lo especial que ha sido el día de hoy.

Hoy has hablado con una madurez casi impropia. Has recordado un pasado doloroso. Has reconocido haber cometido errores. Has pedido disculpas.
Has aprendido demasiadas lecciones.

Te has hecho propósitos de enmienda. Has confesado tus miedos en voz alta. Has hablado de lo que me quieres. Has hablado de lo que me admiras. Has dicho que me necesitas. Me has deseado la felicidad. Me has abierto la puerta para que la busque. Tímidamente has dicho que si yo soy feliz, tu también lo serás.

Has hablado de amor. Has hablado de lo que crees que es. De como tú lo empiezas a sentir. Entre risas, bajo las sábanas, me has hecho cómplice de tus secretos. Has compartido conmigo tus ilusiones y tus deseos.

Acabo de despedirme de la niña que fuiste, durante once años.
Pero no estoy triste.
Acabo de descubrirte en el esbozo de una jovencita, romántica y pasional, como yo, que presiento va a ser una mujer fiel a sí misma, pero que sin duda, sufrirá.

Acabo de descubrirte, hoy.
Clausuramos tu niñez.

Pero mis obligaciones contigo no han terminado aún.
Ni tu dependencia de mí, tampoco.

Inauguramos un camino nuevo, esta misma noche.






sábado, septiembre 16, 2006

Creciendo

Soplan aires de otoño, refrescando calores que se resisten a marchar.
Cayeron las primeras gotas de lluvia, limpiando con pereza todo lo que toca.
Cayeron las primeras hojas, aún sin dorar lo suficiente, elevandose en el aire al capricho de ráfagas de viento, pretendiendo volar.
El mar se niega a ser turquesa. Vistió sus galas grises y marrones para no desentonar.
El verde ya no crece aprisa.
Pero esa enredadera que germinó algo tardía, trepa incesante. Asciende y se fija. Crece y se enreda. Se asienta y se gira. Me atrapa y me acerca. Mi cuerpo a tu cuerpo. Tu verde, a mi vera.

sábado, julio 22, 2006

Nuevos colores

Tu rostro parece hoy más sereno, más tranquilo y sorprendentemente sonriente.
Te saludo.

-¿Que tal?.- y te sonrío sin hipocresías.

No contestas.
- Ya hace nueve meses que nos separamos. El tiempo de un embarazo. Es como si hubiéramos gestado ambos una nueva vida por separado. Cada cual por su lado.

Sigues mirándome sonriente y plácido, pero no dices nada.

- A veces miro atrás, y ya no siento dolor. Fuimos muy felices durante muchos años ¿verdad?

Me miras dulcemente.
- Necesito perdirte perdón. – llevaba varios días dándole vueltas a esta necesidad, y por fin hoy, tras estos nueve meses, parí el valor para decírtelo sin rencores ni reproches- por tanto tiempo perdido. Te exigí más, sin ser consciente de hasta dónde, y sin darme cuenta que ya no eras mi compañero.- bebí un sorbo de café negro y proseguí- Yo tampoco fui para ti lo que tú necesitabas. Pero temía quitarme el disfraz que tú me pusiste. Tampoco yo quise reconocer que no eras ya el hombre del que me enamoré. Pero me asustaba andar sola, y mis miedos te ataron a ti, a lo que yo necesitaba de ti. Sin tú serlo.

Ya no sentía amargura. Hace tiempo que dejé de llorar por nuestra separación. Ha sido la decisión mutua que nos ha abierto las ventanas con ilusión, y por la que ambos hemos escapado. Aún con las puertas cerradas a cal y canto. Cada cual escapó por la ventana que eligió.
Me sonríes de nuevo. Hoy estás encantador.

Un soplo rebelde de aires de levante salpica la cortina y te da de espaldas. Te caes al suelo de bruces.
Con extremo cuidado, te levanto. Limpio el cristal de tu fotografía con mi vestido y vuelvo a colocarte en mi rincón favorito para ti. Sigues sonriendo. Te tiro un beso.

Te he perdonado. Me he perdonado.

Más cuerda que nunca, la vida sigue su curso...

lunes, junio 12, 2006

"La sonrisa que estampa tu cara, empieza a cobrar vida..."

lunes, mayo 08, 2006

Encuentro

Viernes.
Saliendo a velocidad de vértigo de la capital.
Fin de semana.
Haciendo planes a la velocidad de la luz.
El mar lucía un intenso color turquesa.
El sol brillaba presuntuoso, levitando sobre un celeste despejado.
El perfume a mar invitaba al sueño.
A escasos metros, el semáforo cambió a rojo.
Me abrí al carril derecho, rebasando al vehículo que me precedía.
En la radio: “haces que se acabe mi melancolía...
...me devuelves de nuevo a la vida...”
Yo cantaba a gritos casi eufóricos,
Mis manos bailaban sobre el volante.
Intuí a mi izquierda, y le vi.
Cantaba a mi son, sus manos bailaban a igual ritmo.
Y también me intuyó.
Giramos los rostros y nos vimos con descaro, sin dejar de cantar.
Durante segundos, nuestras bocas decían lo mismo.
La sincronía nos sonrió.
Nuestros labios se leyeron: “Buen fin de semana”

al unísono,
Y se sonrieron de nuevo.
Y el silencio hizo eco cuando el tiempo se detuvo.
Hasta que el claxon de atrás rompió la magia.
Durante un instante arriesgado despegamos a la vez y avanzamos mirándonos.
Luego, el intenso tráfico nos alejó.

“...me devuelves de nuevo a la vida...”

Sus ojos...

viernes, abril 14, 2006

Me duele que me saques la lengua...

viernes, febrero 17, 2006

Mercedes "la tonta"

De las pocas personas que a su paso por mi infancia, ha dejado una huella inmortal en mi corazón, ha sido Mercedes, a quien todos apodaban "la tonta".
Decían los rumores, que su madre la parió en el inodoro de su casa, y que al caer a la taza, se golpeó el cráneo, juntificando ese incidente escabroso el de su apodo despiadado.
Podría tener 45 años cuando mi abuelo la acogió en su casa. Su madre, perdido por completo el juicio, la echó a la calle. Deambulando, entró por casualidad en el patio de mi casa, entonces decorado con una bella fuente de mármol, peces de colores, y un musical chorro de agua helada. Allí la encontré por primera vez, observando los peces mientras les cantaba.
A mis cinco años, Mercedes "la tonta" era alguien especial para mí.
Cuando reía, sus manos sin uñas tapaban sus cuatro dientes grises, y se agachaba graciosamente como para esconderse. Siempre le resbalaban al suelo sus gafas de cristal grueso, que había encontrado en un parque. Decía que con ellas, al ser mágicas, podía distringuir a las buenas personas y a los ángeles, de lo demonios.
No le gustaba el agua caliente. Acostumbrada a lavarse con una gran esponja, jabón verde y agua helada, aún en invierno. No le importaba que me quedase con ella mientras se aseaba. Fueron los primeros pechos que ví en mi vida . Los más bellos que jamás he visto.
Un día, al volver del colegio, fuí a visitarla y había desaparecido. Lloré amargamente seis días.
Me contaron que su madre agonizaba en el pueblo, y que habían venido a buscarla para que se hiciese cargo de ella.
Su madre, tardó ocho años en morir.
En ese tiempo aprendió a escribir. Un día recibí un sobre mugriento, y en un papel cuadriculado, con un caligrafía pésima me explicaba que un demonio había venido a buscarla para cuidar de otro demonio. Que había llorado amargamente por no poder despedirse de los ángeles de su casa. Y que me recordaba cada día.
Al poco de morir su madre, ella enfermó y murió.
Nadie supo explicarme de qué, ni cómo.
Y últimamente viene a mis sueños muy a menudo. Tanto, que creo que hasta que no cuelgue este post, nadie sabrá jamás de su existencia, pues son pocas las personas que tuvieron el privilegio, como yo, de haberse cruzado con un alma tan pura.
Siempre que paso por delante de ese antiquísimo portal, ya no resuena el chorro de agua, ni hay peces de colores. También se derrumbó la fuente de mármol. Pero aún resuenan las risas escondidas de Mercedes "la tonta".

jueves, febrero 16, 2006

Corrección obligatoria

Debo corregir, y donde digo "pensaba que ya no quedaban hombres buenos", debo decir "nunca tuve como pareja a ningún hombre bueno"

viernes, febrero 10, 2006

club de amigos

Mi agradecimiento a mi querida prima L, quien me ha brindado la posibilidad de integrarme en este club, para compartir la sensación de ingravidez y vértigo que proporciona el ser consciente de emprender una nueva etapa del camino de la vida en libertad.
A T., que se brinda gratuitamente a cada instante, una campanilla sonriente que llora a escondidas.
A R., que despertará con nuestra ayuda del estado de shock en el que se encuentra aún.
A P, un hombre que quiere redimirse arropado por nosotras y corregir errores pasados.
A P, otro hombre que lucha desesperadamente por ver a su hijo desde la lejanía, y que nunca sonríe.
A R, una niña de edad adulta que se negó a crecer.

Y especialmente a J., que me ha rozado levemente el corazón.
Pensaba que ya no quedaban hombres buenos.

Y a todos los que estáis ahí detrás de esta pantalla.

martes, diciembre 20, 2005




Pescando prórrogas de tiempo...

Saboreando dosis de libertad...

Las espuma acaricia mis dedos,

con la marea, me dejo llevar. ..
¡¡PRUEBA SUPERADA!!

lunes, diciembre 05, 2005

Los fantasmas se aproximan

Ya están de nuevo aquí para atormentarme.
Cada tres meses, en obligada visita de cortesía,
llaman a la puerta de mis miedos.

El ángel de la muerte levanta su dedo índice,
y un glaciar golpe de aire congela el eco de mi memoria.

Mi agenda electrónica me recuerda:
placa de tórax, ecografía de abdomen, analítica completa,

marcadores cancerígenos.

Aún no se regeneró la elasticidad de mis venas,
la quimioterapia las dejó como ríos secos y quebradizos
donde la vida, a duras penas, se desliza con recelo.

Les cuesta donar sangre para pasar la prueba.
Se niegan.
Y el enfermero lidia con ellas.
Tras varios intentos, mis manos ceden,
los hematomas son testimonio doloroso de esa guerra.

Y esa sangre, recorrerá más de mil kilómetros para ser juzgada.
Y en la espera, los fantasmas violan brutalmente mi esperanza:

“este maldito dolor en la axila..., ¿qué denomios ?”

Y de nuevo, sueño que negocio pactos con Satán,
que luego me pesan:
“a cambio de mi vida sana, te doy mi alma enferma”

Y de nuevo, intento burlar el nombre de una enfermedad
que hasta el teclearla me aterra.
Cruzo los dedos.
Por favor, Dr. L., como cada revisión, sonríame sereno, y despídame
“hasta dentro de tres meses, no me apetece volver a verla”.
Los cuatro jinetes de mi Apocalipsis se vuelven a retar en duelo.
Libertad y Vida,
contra Sumisión y Muerte
...

Ya sólo resta la espera....

domingo, diciembre 04, 2005

Letras de despedida

que colgaré aquí, porque se gritaron a voces de silencios, bajo sábanas planchadas por un cuerpo moribundo y llagado, en una lúgubre y oscura habitación de hospital.
Porque se ahogaron sin decir.
Porque se suspendieron sólo en el pensamiento y nadie las oyó.

Este será el “adiós” a un hombre valiente que ocultó su enfermedad a los suyos, por no hacerlos sufrir.
Porque no lloró su propia despedida. Sonrió al año que se aproxima con la ilusión de verlo nacer, sembrando semillas de esperanza que jamás germinarían. No para él.

Llamadas perdidas a un móvil.
Mensajes de aliento no contestados.
Llamadas que se repetían temerosas.
Todas se perdieron, menos una.
La más reincidente, fue atendida. Y se supo de su muerte.
Y de un blog que dejó sin cerrar...
Tengo algunas pistas: En su último post, se despidió por unos días. Ingresó en el hospital por agosto. Tenia 35 años, era de Málaga capital.

Navegaré incesante. Buscaré entre iconos, luces, letras, enlaces y comentarios. Hasta dar contigo.
Debo darte las gracias, me has recordado una lección que aprendí con lágrimas de sangre y soledad, pero que, estúpida, olvidé.

Y cerraremos tu blog, firmando por ti lo que no pudiste gritar:

“ ¡ no quiero morir !”....

lunes, noviembre 28, 2005

Te añoro aún

Ven

Te invité con mi silencio.
Ven
Te esperé entre canciones.

Abrigué la noche con la esperanza de tu cuerpo.
Mis tobillos aguardaban tu cintura,
Mis manos, tu pecho.
Mi corazón, tu latido.

Entre copa y copa, la amarga espera.
Entre lágrima y lágrima, renacía un recuerdo.
Con una mueca quebrada recibí al sol, y la noche se consumió en un deseo no consumado.

La mañana me envolvió en la resaca de tu regreso.
Más sólo volviste a mi memoria.
Como siempre.

viernes, noviembre 25, 2005

Me perdí

Librando tantas batallas al mismo tiempo,
me he perdido.
Perdí la ilusión por seguir.
Perdí la fuerza para luchar.
Perdí la esperanza.
Me perdí.

Quizás debí dejar alguna partida en suspenso...

O me encuentro pronto...
o yo no sé.

jueves, noviembre 03, 2005

¡Déjame en paz!


- Mírate. Resultas patética. ¿A quién crees que engañas?- me sorprendes desnuda en el baño- ¡Ja! - Me arrancas la toalla de las manos y continuas tu discurso-
Por más que pintes de azul tus ojos... por más cremas antiarrugas que te untes... por más que te alces en tacones de aguja ... no eres mas que una vieja acabada, y enferma.
Sola.
Estas sola. No eres nadie. Como tus nuevos pechos, de mentira, fríos. Así eres tú.
- No empieces... Déjame...
-
Oh! Sí. Claro que voy a dejarte, hundida en tu propia mierda...
- ¡Déjame en paz!- y me alejo como puedo de tu puño amenazante.
- Ven aquí. Después de todo, tienes suerte... Diste conmigo... Otra basura como tú...
- ¡Suéltame! ¡Déjame de una vez! ¡ vete al infierno, cerdo!
- Éste es nuestro infierno!

Me tiras del pelo hasta acercar mi rostro al tuyo, frío. Mi aliento empaña tu cara. Me aprietas tanto contra ti, que mi nariz, doblada, parece crujir. Cierras los ojos, y bajas la guardia... Aprovecho para golpearte con el puño cerrado , una y otra vez , con una fuerza impropia de mí. Una y otra vez.... Una y otra vez...
Pero ya no estás. No entiendo por dónde te escapaste. Tan sólo yo ante el espejo empañado y babeado. Tan sólo mi mano herida y temblorosa.
Y el cerrojo echado...

¡¿Qué has hecho de mí?!

martes, noviembre 01, 2005

Hambre

Miénteme.
Sólo hoy.
Susúrrame al oído lo que necesito escuchar.
Me resucitarás el tiempo suficiente para alimentarme de ti, y saciar mi ansiedad.
Pero luego, vete, por favor.


Ya te compensaré por esto...

domingo, julio 10, 2005

Maniobra

Hace tiempo que no vas a mi paso.
Observo que nuestras sintonías son dispares.
Incluso las necesidades de cada uno,
Tienen otro orden de prioridades.
Valores nuevos, proyectos distintos.
Velocidades descompasadas.
Y te adelanto.
Aviso con tiempo suficiente.
Pongo intermitente.
Nadie de frente, seguro.
Invado el carril opuesto, sin correr ningún riesgo.
O no más del debido.
Y te rebaso.
A pocos kilómetros, se presenta un cruce, conflictivo y dudoso.
Elijo, y miro atrás... retrospectivamente.
Te vas.
Sin duda jamás volveremos a encontrarnos.

¿Otro impostor?

Es posible que tus tripas rugieran de hambre días enteros.
Es probable que hicieras cola en cientos de cafés y garitos, suplicando oportunidades.
Seguro que tus huesos no vieron en meses ni un triste catre para el reposo, más que el suelo de la calle.
Quizás tu única compañía fuese un sucio cartón maloliente.
Desolación por aliada, amargura por bandera.
Y robaste aquel frac, al que arrancaste etiquetas... para no dejar pistas.
Te lanzaste al mar, jurando no pronunciar palabra, fingiendo amnesia. Aseguraste un oportuno salvamento.
Pintaste un piano..., dejar bailar ávidos los dedos...

Y a Dios pusiste por testigo de que jamás volverías a pasar hambre.


viernes, julio 08, 2005

Los cuentos de antes, no se entienden hoy.

Repasando cuentos infantiles que habían decorado mi niñez, regresó a mi recuerdo uno de mis favoritos, el más pasional y dramático. Aquel soldadito de plomo, que a falta de una pierna, sabía sostenerse sobre su pie, y consiguió permanecer así en el hogar de su dueño, rodeado de otros juguetes, entre los que se encontraba una joven bailarina. En posición de baile, había elevado tanto un pié, que lo ocultó casualmente bajo el tul del vestido, haciéndola parecer a sus ojos, coja como él. Loco de amor, intentó trepar hasta ella, con tan mala suerte, que en su salto, el viento por la ventana lo lanzó. El azar lo trajo de vuelta a casa, pero sucio y aún más deforme. Ya no se sostenía sobre su único pié, y su dueño lo lanzó al fuego del hogar. La bailarina, conmovida por su regreso, seducida por su pasión, ahogó un suspiro tan hondo, que al fuego la llevó. Allí se fundieron ambos, una noche de amor.

Hoy, no son de plomo los soldados, sino de plástico sicodélico. Si salen defectuosos de fábrica, no pesan lo suficiente para permanecer sobre un solo pie. Son, de inmediato, lanzados a la basura.
Y el tul de los vestidos de las bailarinas es más corto, no son capaces de esconder ni el trasero del tanga.
Ni qué decir del “morir de amor”, eso provoca carcajadas.


viernes, mayo 27, 2005

¡Socorro!

- Mamita querida.
- ¿Si, reina? – y miré por el retrovisor hacia dentro del coche. Una diminuta nariz, dos enormes ojos verde mar y un dedo índice, que bailaba al aire, como en el colegio, supongo. No cabía nada más en un retrovisor - ¿llevas el cinturón?
- ¡¡Sí!!
- Bien
- Yo NO quiero dejar de tener un papito nunca.
- Sabes que no lo perderás jamás. ¿Y a una mamita?
- ¡¡Tampoco!! Os quiero a los dos.
- Pues nos tendrás a los dos. Siempre.
- Pero por separado...
- Por separado, cielo. Los dos te adoramos. Pero por separado. Tu padre y yo, estaremos mejor, y tú también. Algún día lo entenderás.
- Entiendo que ya no os queréis. Y que así se acabarán las discusiones. Lo prefiero así. Aunque se me parta el corazón...

Y de repente, me aplastó un enorme peso. El volante parecía plomo. El cálido aire de levante, asfixiaba. El presente de hizo soga. El futuro, pesadilla.
Lo sencillo que resulta en boca de una niña de nueve años. Y yo, llevo dándole vueltas a este tema, pues cinco. Ese prisma para ver, por favor, por caridad, que alguien me lo preste. Asomaré un ojo por él, por ver que fácil es, y respirar con la esperanza de salir de esta...
Insisto, por favor, ¿tiene alguien ese prisma un momento? ¿Es que nadie me oye?
¡¿Eh?!
¿Me ayuda alguien?
Por favor...

jueves, mayo 26, 2005

Se acabó

Me planto.

Si sigo con este extraño juego, mi nuevo yo sucumbirá.

Rompo el pacto adulto que sellamos con besos prohibidos y roces hambrientos, contra un muro perdido en mitad de un bosque, aquel amanecer.

viernes, mayo 20, 2005

Amante sin alma

Que te cuelas y te vas.
Que finges estar.
Que juegas conmigo.

Amante sin alma,
Que eludes a tu corazón,
Que huyes de tus sentimientos,
Que escapas de ti mismo.

¿ Estás a salvo adonde fuiste?

jueves, mayo 19, 2005

Alerta

Al acecho, para Ver: desde otro prisma, todo cuanto se ponga por delante. Aún más lejos, buscar lo que se esconde... Explorar.

Al acecho para Oír: A todo ser vivo que hable, escriba, cante, susurre, llore, grite...

Al acecho para Tocar: con manos nuevas, que acaricien ansiosas, sedando anhelos. Aunque queme...

Al acecho para Paladear: placeres permitidos y aún más, los prohibidos. Y saborear...

Al acecho para Oler: aspirando fuerte, hinchando pulmones, inspirar, inspirar e inspirarme.

Permaneceré en guardia y alerta, cazando sensaciones que premien la vigilia, cosechando momentos que me llenen de vida... sin desperdiciar ni un solo día más
.

miércoles, mayo 18, 2005

Los cuatro jinetes de mi Apocalipsis

No sé exactamente a qué hora perdí el control. Rugía como una fiera, el dolor era insoportable. Alguien, enfundado en una bata blanca, acercó su rostro por mi izquierda escudriñando el vendaje ensangrentado que cubría mi seno derecho. Con una fuerza sorprendente, fruto del miedo, así la bata de aquel hombre, y tiré de él hasta que la punta de su nariz rozó obligada la mía.
-¡¡traiga al cirujano!! ¡Una teta no puede doler tanto!...- vociferé.
Y le empujé hacia atrás con violencia.

Perdí la noción del tiempo. Un chico delgado y tembloroso intentó cogerme en brazos. Lo intentó de varias formas. Sentí sus uñas clavadas en el brazo hinchado por el gotero. Titubeaba, novato. Le aparté y me colgué de su brazo para sentarme. La sonda se adentró aún más. Me tiré a la silla de ruedas con mi bolsa de orina en la mano izquierda, y el drenaje sangre en la derecha, vociferando alaridos.
Ante mí, la camilla del quirófano, de nuevo. En fracciones de segundo desfilaron entre mis ojos y esa camilla, cuatro instantáneas congeladas en algún lugar de mi subconsciente:

Tras veinte horas de parto, exhausta, rota, mi diminuta hija, envuelta en sábanas verde quirófano, recostada bocabajo sobre mi prominente vientre recién parido, abrió sus enormes ojos verde mar para buscar, a mis mimos, los míos. Una prometedora sonrisa dibujó sus húmedos labios, y encontró otra tan amplia de los míos, extremadamente secos, que se rompieron al hacerla: mi jinete VIDA.

Aquella sombra que devolvía el espejo, no podía ser yo. El cuarto ciclo de quimioterapia se había llevado por delante mi lustrosa melena castaña. Al sol del atardecer, la horrible cicatriz que cruzaba el hueco de mi pecho robado, brillaba presuntuosa, para lucirse y avergonzarme. Mi rostro se asustaba se verse. Los ojos querían escaparse de sus cuencas, sostenidas en el aire sobre moradas ojeras que desafiaban a la gravedad, una y otra vez, dentro de la fría y blanca taza del retrete.
Esa sombra gris enmarcada en el espejo: mi jinete MUERTE.

Tenía quince años. Plena adolescencia. Educada en estrictos colegios de monjas, fui castigada por mi madre a un encierro que duró tres meses. No era de su agrado el hombre con el que me habían visto besarme en un banco de la Alameda. Temiendo perder mi celosamente custodiada virginidad, pasé tres meses de un verano encerrada entre las cuatro paredes de mi lúgubre habitación, soñando que mi príncipe azul esperaría por mí. Pero muchos días estaba sola en casa, y no había pestillos en las puertas. Incluso conocía el escondite de la llave de repuesto de la casa... Jamás me escapé. Mi tercer jinete, para mi propio asombro, SUMISIÓN.

El horizonte desplegado ante mí, me abrazaba agradeciendo mi visita. La subida al Cornón, en el corazón del Parque Natural de Somiedo, había sido muy dura. Mis hinchados pies luchaban por abandonar las botas de montaña. La niebla hacía horas que había huido despavorida del bravo sol del mediodía. El espectáculo invitaba a la reflexión sobre la infinitud.

El cilindro gris de cemento se erguía sobre la máxima altura de la montaña, simbolizando cartográficamente la cima del pico. Sobre su base cuadrada, tras dejar mi enorme mochila que trasportaba mi casa de verano sobre el árido suelo de piedra ocre, abrí mis piernas, para proteger mi cuerpo tras él, del silbante viento.

Erosionado por los elementos, el cilindro cubría hasta mi estómago. Me crucifiqué ante el horizonte, alzando los brazos extendidos, mientras que el sudor se enfriaba para hacerme temblar de frío. O quizás de emoción. Me deleité con el paisaje. Alcé la vista al cielo trasparente. A su trote veloz, sacudió mi cuerpo el cuarto jinete: LIBERTAD.

De nuevo, la camilla del quirófano se mostraba ante mí monstruosa.

Me puse en pié, con mis colgajos de orina y sangre fuertemente sostenidos por mis manos temblorosas.

Lo que tardó en caer al suelo mi camisón roto, a tijeretazos por los cirujanos, en la intervención de la mañana, fue lo que tardaron en cruzarse de cara los jinetes. Sumisión y Muerte, frente a Vida y Libertad. Se retaban mutuamente. La misma ruta, direcciones opuestas. Y mis pies desnudos rebasaron la blanca seda del camisón, para emprender ansiosos el camino hacia la camilla. J.L. se asomó a mi cara. Serena y decidida le dije “a ver que le pasa a esta teta”.

lunes, abril 25, 2005

La necesidad obliga


¡Arriba las manos!...
Esto es un atraco.

Dame el brillo de tus ojos.
Dame la vida que te sobra.
Dame el beso que soñaste.
Dame un gesto de amor.
Dame un tiempo para amarte.
Dame una idea de quien eres.
Dame un momento de paz.
Dame lo que puedas darme.

sábado, abril 23, 2005

Atrincherada

Los recuerdos de mi niñez permanecen escondidos en las trincheras de mi memoria. Cuando flaquean las fuerzas, y absurdos remordimientos atacan a la mujer que ahora soy, asoman atroces, desordenados y aleatorios, e irrumpen en el campo de batalla, sin piedad ni compasión, para justificar mi actitud hacia mi padre, a quien ni amo ni respeto ni añoro. Gano cada batalla que libro. Cada vez me hago más fuerte. Pero sé que en esta guerra, perderé la cordura. Ya no vendrán refuerzos: no ostenta posición de poder. Y está lejos para hacer daño. Está lejos de todos. O todos estamos lejos de él. Mi ejército se alimenta del rencor. Lo sé. Mis armas : el desamor, la indiferencia. El sistema de autoprotección desarrollado es prácticamente infalible. Pero si fallase, significaría la derrota en la cruzada que emprendí contra la memoria de mi pasado.

lunes, abril 11, 2005

Días de sol.


Añoro los días en los que tus ojos me hablaban y descubrían secretos que habitaban tu alma.
Los reflejos de colores de la vidriera de aquel patio, disfrazaban un surtido de pasiones y deseos ... Los días de sol eran especialmente espectaculares. Fugazmente, nuestras miradas se encontraban y en fracciones de segundo, se pronosticaba el futuro encuentro furtivo ...

lunes, abril 04, 2005

No quería morir

Y sin embargo, mi alma ya había muerto. Obstinada en rebasar mi cuerpo mutilado y desobediente, se desgastó mortalmente. Pero, por alguna extraña razón, no sobrevolaba para verme desde el techo. Mi rebelde carne no me acompañaba, no moría conmigo.